El sexo es mi cuerpo que no es este.
La luz es la ausencia que nos duele desde las
sábanas.
La edad es eso que olvida las libertades.
El insomnio es un mail a tu nombre.
El exterior es un mapa que no quieres recordarme.
Un teléfono es un hilo de veneno entre dos calles.
No sé qué son el olvido, el sexo.
Tu cuerpo desnudo. El mío al lado.
El tiempo es una suma inexacta de mis verbos.
Tu verbo es pronombre sin relojes.
El pasado es tú que me matas a destiempo.
La infancia es otro objeto que olvidamos.
Los ojos son el clítoris de los poetas.
Un poeta es un asesino sin aurora ni infancia.
Todas las palabras que consiento se refieren a ti:
El sexo que impone luz a mi edad.
El insomnio que traen del exterior los teléfonos blancos.
Todas las cosas que desconozco.
El tiempo perfecto de todos los verbos sin pasado.
La infancia que son tus ojos liquidando a otro
poeta.
Todas las palabras que consiento hablan de nosotros
en condicional perfecto, en la sombra de la tinta.
En sus significados.
En sus silencios.
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